Lo que aprendí este año.
Algunas a las malas.
Este año me he dado cuenta de unas cuantas cosas. Algunas a las buenas. Otras a las malas. Pa chasco, es que no escarmiento.
Estar ocupado no es vivir
En julio mi hijo me preguntó si podíamos jugar. Le dije que en 10 minutos. Tres horas después seguía delante del ordenador. No recuerdo qué estaba haciendo. Probablemente algo urgente que ahora ni siquiera aparece en mi histórico. Lo que sí recuerdo es su cara.
Ahí entendí que estar ocupado no es vivir. Es una trampa. Te sientes productivo porque te mueves. Pero movimiento no es avance. Y estar delante de una pantalla no es estar presente.
Parar no es perder tiempo
Estuve más de un mes sin mirar apenas el móvil. Agosto entero desconectado. Volví en septiembre y lo vi clarísimo: llevaba seis meses haciendo el capullo. Persiguiendo cosas que no importaban. Diciendo que sí a proyectos por inercia. Respondiendo emails a las once de la noche como si fuera urgente.
Lo sabía. Pero no quería reconocerlo. Porque reconocerlo significaba parar. Y parar daba miedo.
Resulta que parar no es perder el tiempo. Es lo único que te deja ver en qué estás perdiendo el tiempo de verdad.
Presencia, no cansancio
He llegado a cenas donde solo estaba mi cuerpo. Mi cabeza seguía en el ordenador. En el proyecto que no salía. En el cliente pesado. En la métrica que no subía.
La gente que quieres necesita tu presencia, no tu cansancio. No necesitan que estés ahí físicamente mientras tu cerebro está en otro sitio. Necesitan que estés de verdad.
Esta noche no. Esta noche y todas las demás voy a estar aquí de verdad.
Dinero sin propósito
Un colega tuvo su mejor año de facturación. Cerró contratos grandes. Números que muchos querrían. Está más perdido que cuando empezó.
Le pregunté qué iba a hacer con eso. Se quedó callado. Porque no lo sabía. Había estado persiguiendo la cifra sin preguntarse para qué.
Números altos, vida vacía. No quiero eso. El dinero sin un propósito detrás no vale una mierda. Es solo ruido en el banco.
Decir que no más rápido
Al principio decía que sí a todo. Proyectos que apestaban desde el primer mensaje. Clientes que olían a problema a kilómetros. Por no perder la oportunidad.
Me costó más arreglar esos desastres que lo que gané. Horas de mi vida que no recupero. Estrés innecesario. Todo por no tener los huevos de decir que no.
Ahora digo que no más rápido. Y duermo mejor.
Más no es siempre mejor. A veces menos es lo único que funciona.
Constancia, no sprints
Llevo muchos años en esto. Sin descansos largos, pero tampoco quemado. He visto a gente brillante reventarse en tres años. Sprint tras sprint. Intensidad sin pausa.
La clave no está en el sprint final. Está en levantarte mañana y seguir de pie sin partirte en dos.
La constancia gana a la intensidad. Siempre.
Razones fuertes
Si solo te mueve facturar, el primer mes malo te rompe. Pierdes un cliente grande y se te cae el mundo. Tienes una temporada floja y entras en pánico.
Yo trabajo para vivir como quiero. No vivo para trabajar. Esa es mi razón. La tuya será otra. Pero necesitas una.
Porque si no tienes razones más fuertes que el trabajo, el trabajo te come.
Cierre
Este año ha sido duro. También ha sido bueno. He aprendido más dejando de hacer que haciendo.
Feliz Navidad.
Disfrutemos de nuestros seres queridos. Por desgracia no siempre estaremos con ellos.
Un abrazo,
Toni

